Por tierras de Campoo de Enmedio

Articulo de Santiago Arenal, publicado en El Cantábrico en 1.928

En las aldeas de Las Costeras

Estas aldeas de Las Costeras son cuatro pueblecitos colgados como nidos de águilas de la cordillera que se extiende al norte de Reinosa. Para ir a ellos es preciso caminar a pié o utilizar un carro, pasando por una estrecha calzada llena de piedras y de una pendiente enorme. La cambera por la que hemos subido, andando, a Morancas, pasa por junto al nacimiento del Besaya, el río montañés que apenas si tiene aspecto de una poza en su fuente humilde, y poco más allá, es ya base de industrias prósperas, de grandes proporciones, en importantes fábricas del hermoso Valle de Iguña. Pertenece la aldea a Campoo de Enmedio, pero en virtud de determinados convenios con la villa, que permiten a los ganaderos de Reinosa el uso de los pastos del puerto de Morancas, los vecinos de este último lugar, tienen derecho a ser asilados o a ingresar respectivamente, en la Casa de Caridad o en el Hospital de la capital de Campoo, en caso de necesidad. Son cinco vecinos, todos de la familia, y viven en un régimen casi patriarcal, presidido por un hombre optimista, que está rodeado de hijos y nietos. Se ganan su existencia trabajando el campo, y con la ganadería. Las tierras, en las que cultivan un poco de trigo, cebada y habas. Y los prados los llevan a renta, y los ganados en aparcería. La utilidad es poca, y por ello, algunos tienen que defender el pan de cada día haciendo cestos. La lucha por la vida es dura, los hombres a trabajar en el campo o en un oficio, y las mujeres, o los chicos mayores, a llevar todas las mañanas, bien temprano, la leche a la villa a los dueños de la aparcería, y lo poco que sobra de esta obligación,a la venta. El viaje, en estío y en unos pocos días de la primavera, es plácido y bueno, aparte la caminata por la vereda pedregosa y pina; pero el tiempo agradable, dura poco en estas alturas, y el invierno largo y duro, cae sobre estas tierras cubriéndolas de nieve a azotándolas con la ventisca … ¡No importa; las necesidades de la vida son inexcusables y hay que seguir la ruta! Es preciso bajar todas las mañanas a la villa a llevar la leche, es necesario ir al mercado a vender las patatas y los cestos. Cuando en Reinosa se dice; no han venido los de Las Costeras esta mañana, es que la tragedia de la nieve ha alcanzado las proporciones enormes que relatan los que conocieron la tormenta blanca del 88, y de tantos otros años. Todos los campurrianos de la villa, tenemos un recuerdo entre triste y piadoso para esas gentes de Las Costeras en las grandes nevadas. Sin duda, nos ha quedado la visión sentimental de cuanto oíamos decir en la infancia; – Los lobos andan por Morancas y Aradillos. Esos pobres aldeanos están sitiados por la nieve. Sin médico, sin botica, sin cura. Sin ninguno de los recursos de la civilización, ni de los consuelos espirituales. Andando hoy por esta aldea, hemos sentido resucitar toda la emoción que en nuestra niñez sentíamos en los días de temporal, al oír hablar a nuestros familiares de los habitantes que quedaban materialmente sepultados dentro de sus casitas sitiados por la nieve. ¿Que tal la cosecha de este año?, les hemos preguntado. De todo un poco, de hierba como el año pasado o acaso un poco más. Si el invierno no es muy fuerte, que aquí casi siempre lo es, nos defenderemos; si no, ocurrirá lo que otras veces … Lo de otras veces, es bien serio y muy triste. Es el tener que descender los hombres desde los picachos en donde habitan, hasta la villa, en busca de paja, y si la encuentran en los almacenes, que no siempre ocurre, es necesario el enorme trabajo de escalar a los picachos de sus montes, llevando los pobres hombres las sacas a cuestas. Todo esto, después como ha ocurrido en muchos casos, de haber dado a las vacas hambrientas para comer, la hoja de maíz de los colchones. Además, agregó el hombre, este año la cosa se pone más difícil por la baratura del ganado. ¿Ve usted esa vaca grande y con buenas carnes que está en el bebedero?, pues por ella, me ofrecieron de primera intención cuarenta y cinco duros. Una vergüenza. Claro es, que el comprador llegó a ofrecerme trescientas cincuenta pesetas. Pero, de todos modos, la baja en el precio del ganado es de un veinte o veinticinco por ciento.

¿Cuánto dinero necesita por término medio una familia compuesta de matrimonio y cuatro hijos, para vivir en estas aldeas? – Para malvivir dirá usted, señor. Para comer pan y patatas o alubias, y de vez en vez, ciento en viento, un poco de carne cuando se mata una res en casa o en el pueblo; para vestir, también como usted ve, unas mil doscientas o trescientas pesetas. Y para conseguir esto, quizá unas pocas pesetas más, el trabajo es continuo y somos esclavos de la tierra y de los ganados. No podemos faltar de aquí. No hace mucho, vino el lobo y me mató seis ovejas. Seguimos el camino por la cambera estrecha que se extiende a lo largo de la cordillera, para visitar Aradillos, el “Arci” o “Arcillum” histórico, que se considera como el último baluarte en que se defendieron los norteños cuando, ya batidos en las costas de “Sand-Omnia”, después Puerto de la Victoria y hoy Santoña, por los barquichuelos de Agripa, se refugiaron allí para resistir en un último esfuerzo de valor y abnegación la invasión de las legiones romanas, a las que combatieron desde las encrucijadas cántabras. Y dice la historia que solamente la superioridad enorme del número les dió la victoria. En Aradillos encontramos hombres de edad, mujeres y niños. Los jóvenes, en número de catorce, bajan a trabajar a la fábrica de la villa. Ellos traen su jornal, en tanto que las mujeres y los ancianos cultivan la tierra. La vida agrícola y ganadera se desenvuelve en las mismas condiciones que en el pueblo citado anteriormente, y como en los otros de Las Costeras. Por eso no queremos repetir el tema, ni reproducir la conversación íntegra que sostuvimos con los vecinos. Si cae mucha nieve, se nos dijo también, ocurrirá lo que otras veces. Estos caminos, además, son horribles. Cuando nieva mucho, tardamos ocho días en abrir huella hasta Fresno. Y lo más grave es que después de ir a la villa, nos encontremos con que no se nos facilite paja para los ganados. Hace años ocurrió esto, y tuvimos que ir a la estación, sacarla de un vagón, y depositar las sacas en la Casa Ayuntamiento, para que vieran que éramos unos hombres de bien, que deseábamos solamente salvarnos de la ruina. Aquello fué gordo, pero … ¿que íbamos a hacer?, teníamos ochenta o noventa vacas, y ganado menudo, y morían de hambre. No señor, no, aquí no tenemos nada de eso de cooperativas de que usted habla, ni nada que se lo parezca. UNA ALDEANA, VEHEMENTE DEFENSORA DE LA ESCUELA, EN TANTO QUE LA MUJER CULTIVA EL CAMPO, EL MARIDO TRABAJA EN REINOSA. Pasamos junto a la escuela, a la que también van los niños de Morancas, y nos parece tan pequeña, tan reducida, tan falta de capacidad, que hacemos un comentario, al cual, responde una mujer que lleva un niño en brazos. Por Dios señores, nos dice; que hagan otra escuela, pero que no cierren esta. Que los niños aprendan en un portal, o en una tejavana, pero que aprendan. Tengo siete hijos, y yo no sé leer. No quiero de ninguna manera que les suceda igual a ellos. Y lo decía con tal fuerza de convencimiento y de entusiasmo, que producía emoción. A nosotros nos la produjo por lo menos, aquella mujer heroica, que cultiva las tierras y guarda el ganado, mientras el marido marcha a Reinosa al rayar el día, o mucho antes de amanecer, para regresar ya de noche en este tiempo, al hogar aldeano que rige esta mujer inteligente, defensora patética de la escuela para sus siete hijos. EN OTROS PUEBLOS Seguimos a Fontecha, perteneciente como los anteriores al Ayuntamiento de Campoo de Enmedio, para terminar la excursión en Camino, aldea de Campoo de Suso, enclavada, con aspecto de caserío, en un nacimiento entre dos montañas. Por la ladera de una de ellas, desciende un camino malo. En una hondonada hay una cruz de piedra, que evoca un episodio doloroso del drama de la nieve en estas alturas; Un día de gran nevada, aprovechando una escampada de esas en que el cielo azulea y brilla un poco el sol, un mozuelo bajó a Salces a comprar tabaco para el padre. Al regreso, comenzó a nevar, y la cellisca cegaba al muchacho, el cual se perdió, muriendo a pocos metros de las casas del pueblo. En todos estos lugares, y nos hemos ocupado concretamente de unos cuantos nada más, por la característica de su ayuntamiento y por ser los más montañosos, la vida es casi la misma. Cuidar de las vacas y de las ovejas, y cultivar un poco la tierra, para sacar libre la cantidad que hemos citado para luchar por la existencia, después de pagar impuestos, rentas, médico y botica. Y cuando, como este año, la cosecha de patata es mala, y el ganado sufre gran depreciación de venta, aunque la hierba recogida sea en cantidad igual a la del año anterior, existe una gran inquietud, una zozobra profunda en el ánimo campesino, que interroga todos los días al destino: ¿Que sucederá si este año nieva mucho? La cuestión tiene indudable importancia, pues solamente en los dieciséis pueblos que componen el Ayuntamiento de Campoo de Enmedio, hay mil setecientas seis cabezas de ganado vacuno, y mil ochocientas cuarenta y dos de ganado lanar, a lo que hay que agregar el caballar. Esta es la verdad oficial que resulta del amillaramiento. INTERESES LOCALES – CAMINOS Y FUENTES – ESCUELAS. Celada de Marlantes es una aldea de Campoo de Enmedio, de cuarenta vecinos, separada por tres kilómetros de la carretera general de Madrid. Pero esos tres kilómetros son casi intransitables y constituyen un verdadero calvario para recorrerlos con un carro de vacas, cada vez que un habitante de dicho pueblo, tiene que ir al mercado de la villa. En igual caso se encuentran los pueblos de Las Costeras que hemos mencionado, y Fresno, Requejo y Aldueso. En general, las juntas administrativas carecen de dinero. Por su parte, el Ayuntamiento tiene consignada para tal objeto, la suma de 57.000 pesetas. Tratar de conseguir que se hagan esos caminos, o que se arregle los existentes, es de gran necesidad, y en algunos sitios es urgente. Es demasiado fuerte la lucha de esos campesinos contra los elementos, para que tengan que gastar sus energías para salvar las distancias que los separan del centro comercial de su comarca. En Requejo, falta agua, y en Fresno escasea. Al primer pueblo le subvenciona el Ayuntamiento para ejecutar las obras con mil pesetas, y al segundo, con mil setecientas cincuenta. He aquí otra cuestión, a la que es preciso prestar atención, por razones de higiene y salubridad pública, y de cuyo asunto, debían preocuparse las personas más caracterizadas de cada pueblo. En algunas aldeas de Campoo de Enmedio, se están construyendo excelentes escuelas. En Nestares, por ejemplo, y en alguna otra. En Fresno, se está reparando la que existe, cerrada recientemente por encontrarse en ruina. Santiago Arenal.

Este artículo de El Cantábrico, venía acompañado de dos composiciones fotográficas de Morancas,  que reproduzco a continuación, en la mejor calidad posible, ya que están sacadas del periódico antes citado.

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